PALMA DE MALLORCA / Festival ME_MMIX: Trece horas de sustancioso y heterogéneo menú musical

Frente a otros festivales que, a razón de un concierto diario, expanden así su programación durante meses, el Festival ME_MMIX de Palma de Mallorca concentra el grueso de sus actividades en dos fines de semana que, como otras citas europeas con la nueva música (pensemos en Donaueschingen o en Darmstadt), nos ofrecen un programa intensivo que puede abarcar hasta trece horas en un mismo día, pasándose de las ponencias y los encuentros sectoriales a las instalaciones o a los conciertos de los más variados géneros y estilos musicales.

Tal fue el caso del completísimo cartel que el 22 de noviembre nos ofreció el ME_MMIX, una jornada que comenzó a las diez de la mañana con una interesante conferencia pronunciada por Magda Polo Pujadas, catedrática de Estética y Teoría de las Artes, así como de Historia de la Música en la Universidad de Barcelona cuya ponencia puso en contexto muchas de las cuestiones centrales de la música actual que experimentaríamos en los tres conciertos de los que en esta crítica les damos cuenta.

El primero de ellos tuvo como protagonista al dúo suizo de voz, flautas y electrónica UMS’nJIP, formado por Ulrike Mayer-Spohn y Javier Hagen. Juntos, nos han guiado en una exploración de los espacios arquitectónicos del museo de arte contemporánea Es Baluard, planteamiento especialmente pertinente en la primera pieza de su programa, Identity (2011), obra de Anton Svetlichny para flautas dulces soprano y electrónica en la que las resonancias adquieren un rol primordial para revelar la acústica del espacio; máxime, cuando los flautistas tocan, como fue el caso, deambulando por una pasarela emplazada sobre el público, lo que complejiza aún más nuestra percepción de las fuentes sonoras. Éstas, al igual que sucede en obras de planteamientos similares, como el dúo de clarinetes bajos 1+1=1 (2006), de Pierluigi Billone, buscan una continua con-fusión de timbres y registros armónicos marcados por agudísimos rumores en flautando que parecieran el paisaje níveo de la Rusia natal de Svetlichny, frente a una electrónica más grave y amenazante que, teniendo en cuenta el título de la partitura y el actual estado de cosas en Ucrania, pareciera toda una premonición del presente.

Como había explicado previamente Magda Polo, la reformulación del espacio en obras como Identity rompe con la conocida como «cuarta pared» en la música, abriendo nuestra vivencia acústica de forma más rica. En el caso de oscillation ou interstice (2013), obra para voz y flauta de pico bajo del barcelonés Luis Codera Puzo, la experiencia del espacio es más convencional, pero a través de los versos de Irène Gayraud se multiplican (tanto en el recitado de Javier Hagen como en la flauta de Ulrike Mayer-Spohn) los efectos que materializan texturas y referencias con las que se convoca la vida del fuego: desde sus crepitantes danzas de chispas en armónicos hasta la flamígera erupción que escuchamos tras una larga pausa que estructura oscillation ou interstice en un díptico cuya segunda parte resulta más teatral, con técnicas extendidas en la flauta, fonéticos y un fuerte vínculo rítmico-tímbrico entre ambos músicos que busca hacer de ellos una sola entidad prosódica.

Las siguientes partituras resultaron artísticamente más modestas, tanto la sutil KAMP (2015), de la turca Idil Ataç; como el estreno en España de los números tercero y cuarto de Dark Matter (2015), ciclo del estadounidense Adam Roberts que parece evocar los madrigales renacentistas; o Panacea, partitura de la compositora estadounidense nacida en China Du Yun: tres propuestas de estéticas más previsibles y convencionales.

Más interesante resultó otro nuevo estreno en España, el de los números quinto y sexto de Ambient Songs (2025), obra para voz, flautas de pico y electrónica de Javier Hagen que nos sumerge en un mundo etéreo, con ecos de Vangelis y una intrincada hibridación del sonido acústico de la flauta con la electrónica que hace ambas prácticamente se permeen en una sola textura. Dicha serenidad se rompió con la carcajeante Das Lachenmann IV (2017), partitura para flauta y voz del japonés Motoharu Kawashima que, aunque por su título podría parecer un homenaje a Helmut Lachenmann, debe más en su estilo a obras como los Nonsense Madrigals (1988-93) de György Ligeti o al Georges Aperghis más teatral de las Récitations (1977-78). Totalmente hiperactiva, la flauta de Ulrike Mayer-Spohn vuelve a remedar instrumentalmente la voz; en este caso, esa hilarante risa de Javier Hagen que, histriónica, da sentido a lo que el título de la partitura significa en alemán: a ese hombre reidor que se desternilla a dúo con la flauta hasta su unísono y buena sintonía final: ésa que, sin duda, tienen los miembros de UMS’nJIP para alcanzar el grado de complicidad y refinamiento destilado en Mallorca.

Ya en horario de tarde, escuchamos Prima Materia, una performance interdisciplinaria de José Venditti (saxofón y electrónica) y Marta Verde (imagen) que vimos en el aljibe de Es Baluard, cuyas paredes pareció querer poner a prueba Venditti, dados los rangos dinámicos a los que condujo los pasajes más saturados en la electrónica, de sonido hiriente. Como un día antes en la sesión electroacústica de EMEA, los vínculos entre música e imagen fueron de lo más directo, como en los constructos escherianos que compactaban a ambos lenguajes, aunque con esa sensación de reiteración y agotamiento de los materiales que en tantas ocasiones se suele dar en este tipo de sesiones musicales.

Desde luego, muestras de agotamiento no las da Vertixe Sonora, que tras catorce años de vida se mantiene como uno de los mejores ensembles españoles de música actual. Como ya apuntamos en nuestra primera crítica dedicada al ME_MMIX, en 2025 éste ha tendido puentes con el Festival Vertixe, que en su decimotercera edición ha compartido músicos, compositores y partituras para acercar ya no sólo a estos festivales de Galicia y Baleares, sino a ambas comunidades con el resto del mundo, lo que redunda en una tan necesaria cohesión social y cultural de un país, España, que, como afirmó Jordi Teixidor en su día, tiene mucha cultura, pero sigue necesitando una mayor civilización.

Ese objetivo de hacer de España un país culto y civilizado se ha de basar, necesariamente, en una educación de altura, y en ello también ha puesto el foco el Festival ME_MMIX en esta séptima edición, con conciertos familiares, actividades inclusivas y proyectos pedagógicos que incluyeron la participación de los alumnos del Conservatori Superior de Música de les Illes Balears, haciéndolo, además, como preludio a algunos de los conciertos más destacados del ME_MMIX en 2025, como el del Ensemble Multilatérale o éste de Vertixe Sonora.

Así, antes de escuchar al conjunto gallego, pudimos disfrutar de toda una demostración de musicalidad de la flautista Maria de Lluc, así como de buena escritura para su instrumento por parte del joven compositor Vicente Olivares, que en Noche febril nos deja todo un muestrario de multifónicos, frullato, efectos percusivos y pasajes de aire sin tono, en lo más extendido, así como de herencias boulezianas, en la escritura armónica; todo ello, en busca de un lenguaje propio, pero asimilando ya algunos de los estilemas por antonomasia de la música contemporánea, lo cual es una buena base.

Buena base para un ensemble lo es, también, el que las partituras que toca y/o estrena no sean flor de un concierto, sino que se conviertan en parte de su repertorio, para no sólo profundizar en cuanto en ellas nos han legado sus compositores (¿qué sería de nuestra comprensión de las grandes obras de Bach, Chopin o Mahler, existiendo una única versión de sus obras?), sino para crear una cultura sonora de ensemble y perfeccionar su técnica y musicalidad con los retos que a estas nuevas creaciones suelen venir asociados, algo que en el caso de Vertixe, dada su excelencia y perseverancia en este repertorio, les ha hecho merecedores de elogios como los que nuestro compañeroTomás Marco les dedicó el pasado mes de septiembre, cuando Vertixe tocó en el XVI Festival de Ensembles de Madrid tres de las obras escuchadas en el ME_MMIX.

La primera de ellas fue La belleza de lo roto (2025), quinteto para saxofón, acordeón, guitarra eléctrica, piano y percusión del compositor valenciano Voro Garcia, una partitura que tuvo su estreno el pasado 21 de septiembre en el Festival Vertixe 13, tras el cual me habían llegado comentarios muy elogiosos sobre esta obra que, una vez escuchada en vivo, no puedo más que compartir, volviendo a demostrar por qué Voro Garcia es hoy uno de los compositores españoles más interesantes por cómo en sus partituras se une un aquilatado dominio técnico y una poderosa expresividad que en La belleza de lo roto se desata desde su primer compás, con esos abrasivos golpeos que rompen periódicamente el discurso musical. Es, precisamente, en esos espacios abiertos por el golpeo, en la rotura y en los resquicios de los materiales musicales, donde se juega lo más bello y relevante del quinteto, expuestas la naturaleza de cada una de esas grietas acústicas ya sea por medio de granularidades, crepitación, rugosidad o diferentes formas de activación extendida de los instrumentos.

Una vez adentrados en dichas rupturas de la materia, sus interiores aparecen poblados, bien por frenesís rítmicos, bien por pasajes suspendidos en los que, en todo caso, hay un trabajo de los vínculos entre proliferación tímbrica y ordenación rítmica que es digno de señalar, convirtiéndose el ensemble en toda una hendidura polimorfa, con sus elongaciones, glissandi en el cordal del piano, bucles de anillos obsesivos o efectos percusivos. Es, así, en muchos momentos una rotura por saturación, que nos muestra la belleza de cada personalidad y textura en los instrumentos del ensemble cuando éstos son capaces de rehuir lo convencional y fundar un lenguaje propio. Por tanto, y aunque rota, es la de esta partitura una belleza de la diferencia, en tiempos en los que la uniformización del pensamiento hace tan necesario formas alternativas de divergencia. Tras el cambio de saxofón barítono a soprano, esa voz del yo parece querer decirse, como un espectro suspendido, en los diálogos dentro del quinteto, con una continua fuga de materiales en variaciones tímbricas de slaps, activación del piano y texturas que rubricaron una ejemplar interpretación de La belleza de lo roto.

De la sutilidad que destila la partitura de Voro Garcia pasamos a toda una explosión de adrenalina, la que Yann Robin desata en Art of Metal II (2007), una partitura que ya pasó por las páginas de SCHERZO, igualmente en interpretación de Pablo Coello, a raíz de su programación en el Festival Vertixe 11. A dicha crítica nos remitimos para contextualizar un arreglo para saxofón efectuado en 2015 por el propio Coello que, como hace dos años, volvió a contar con el compositor Iván Ferrer-Orozco en la electrónica, redondeando una lectura apabullante y de una intensidad sobrecogedora.

Compuesta para saxofón alto, acordeón y guitarra eléctrica por el portugués Luís Neto da Costa, en Punge (2025) dialogan el hardcore punk y la música artística, tomando patrones rítmicos de conjuntos como los Dead Kennedys que Vertixe convierte en un frenesí polirrítmico por medio de técnicas como el aire sin tono o los recitados poderosamente en staccato de la acordeonista María Mogas y el guitarrista Nuno Pinto. La creación de esos obsesivos universos nos remite, en el mundo de la música contemporánea hibridada con el rock, a compositores cuya estética sobrevuela Punge, como la del austriaco Bernhard Lang en su polimorfo ciclo Differenz / Wiederholung.

Cerró el concierto la música del director del Festival ME_MMIX, Mateu Malondra, de quien escuchamos las impresionantes Free Module Study nº1 (2015) y Free Module Study nº2 (2024-25), partituras escuchadas en el Festival de Ensembles, habiendo tenido su estreno en Vigo la segunda de ellas, en el mismo concierto que La belleza de lo roto.

Estamos ante una música de una complejidad endiablada, cuyo primer estudio también estrenó Vertixe (en el Festival Mixtur 2015) con una plantilla de saxofón, acordeón, guitarra eléctrica, piano y electrónica. Este último es uno de los instrumentos más sorprendentes en Free Module Study nº1 por el grado de personalidad que alcanza y por cómo se relaciona con cada voz de un ensemble en el que no dejan de proliferar agrupaciones y ecos estilísticos que beben tanto del posestructuralismo como del jazz y de la música rock. La complejidad, en todo caso (tantas veces dada a lo frío), no escatima en este Study nº1 una sensual musicalidad que le confiere un aura de poderosa atracción que se va atenuando hasta ese puente electrónico dispuesto como enlace con el Study nº2, mientras oboísta y batería accedían al escenario para completar la plantilla de un segundo estudio que Vertixe tocó con click track pues, habida cuenta la (incluso) mayor dificultad de este estudio, ni siquiera los músicos podrían mirar a un director y, a la par, leer la partitura por la extrema velocidad y virtuosismo técnico de la misma.

Como señaló en su día Mateu Malondra, Free Module Study nº2 «alterna líneas melódicas frenéticas dentro de saturaciones polifónicas con espacios donde el timbre se convierte en protagonista». Ello provoca que las distintas asociaciones hagan de este estudio bien en una auténtica sesión de jazz compuesto, en lo más libre y frenético, bien en microconciertos en los que el oboe de Pilar Fontalba y el piano de David Durán adquieren un enorme protagonismo, evidenciando un gran conocimiento por parte de Malondra de cada instrumento, que lleva a sus límites en técnica, articulación y coordinación de conjunto. En todo ello, el actual Vertixe nos recuerda al Ensemble Modern de los años noventa, por su arrollador pulso rítmico y fuerte personalidad. De este modo, en las partes más rápidas el ensemble se convierte en una auténtica máquina sonora, en un flujo compacto compuesto por continuas irrupciones y crepitaciones de portentosa expresividad, rubricando uno de los mejores conciertos del ME_MMIX.

Paco Yáñez