PALMA DE MALLORCA / Festival ME_MMIX: La música como punto de encuentro

Tras una serie de conciertos que, a modo de preludio, fueron creando en Palma de Mallorca el ambiente propicio para la llegada de su principal encuentro anual con la música de creación artística actual, del 14 al 23 de noviembre la capital balear disfrutó de una nueva edición, la séptima, del Festival de música electrónica, música mixta, hibridaciones, instalación, conectividad y creación contemporánea ME_MMIX, una cita que ha convertido a Mallorca en un efervescente diálogo entre muy diversas formas de comprender la música y la interdisciplinariedad; un festival al que SCHERZO asistió en las jornadas del 20 al 22 de noviembre, días que presentaban un muy nutrido y variado programa de actividades, de las que les iremos dando cuenta a lo largo de esta semana.

Una de las primeras cosas que nos ha congratulado, nada más llegar a Mallorca, es la fuerte presencia que el ME_MMIX ha conseguido en Palma, una ciudad en la que no sólo por sus calles podemos ver carteles anunciando los conciertos del festival, sino que parece haberse identificado muy positivamente con el ME_MMIX, habida cuenta la afluencia de público y la heterogeneidad del mismo, dando lugar a un trasvase entre oyentes de estilos no siempre coincidentes en una misma sala de conciertos, algo en lo que hemos encontrado uno de los puntos fuertes del festival de cara al futuro, por el efecto multiplicador que dicha llamada puede deparar a la hora de que, por tomar algunos ejemplos, público habitual de música electrónica se acerque a la música de creación artística contemporánea, o de que aquéllos que normalmente se interesan por el techno visiten una instalación audiovisual.

Por descontado, en dicho éxito tiene una gran influencia el fundador y actual director artístico del ME_MMIX, el compositor palmesano Mateu Malondra, cuyas ideas en el ámbito de la composición ha llevado al festival, dada la apertura a la fusión de estilos y a la interdisciplinariedad que Malondra suele reflejar en sus partituras y proyectos artísticos. De ahí viene la fluida relación que se ha establecido entre los diferentes conciertos y estéticas que el ME_MMIX nos ha ofrecido en 2025, algo en absoluto menor, pues no es habitual que un festival con semejante diversidad estilística consiga que dichos géneros musicales se interpelen recíprocamente y fluyan como lo han hecho en Mallorca, cual si el conjunto del festival fuese una pieza artística en sí misma.

Como ya había apuntado Mateu Malondra en su entrevista con SCHERZO del pasado 11 de noviembre, además de los conciertos, el Festival ME_MMIX nos ha propuesto en su séptima edición toda una serie de actividades que han incluido desde los programas educativos a las instalaciones, pasando por encuentros sectoriales, ponencias o proyecciones cinematográficas en las que se ha celebrado, entre otras efemérides, el centenario de Pierre Boulez por medio de la película Notations, cinta de la fotógrafa y realizadora austriaca Marion Kalter.

El concierto de clausura de la jornada del jueves 20 de noviembre fue todo un epítome de dicha fusión y diálogo interdisciplinario. Concebido como un homenaje a otro creador del que, como en el caso de Boulez, celebramos en 2025 el primer centenario de su nacimiento, el poeta, ensayista y traductor mallorquín Josep Maria Llompart (1925-1993), el Homenaje a Llompart tuvo lugar en uno de los centros culturales más netamente palmesanos de Mallorca, Can Balaguer, centro cultural ubicado en un bello palacio barroco del siglo XVIII que en el siglo XX pasó a manos de Josep Balaguer i Vallès, verdadero hombre del Renacimiento que, entre sus muchas facetas artísticas, desarrolló una importante carrera como pianista y director, habiendo fundado, en 1946, la Orquestra Simfònica de Mallorca.

Pocos lugares más propicios para este concierto, por tanto, que Can Balaguer, un edificio que fue cedido en su día al Ayuntamiento de Palma por el propio Josep Balaguer para su disfrute público en proyectos culturales. De entre sus instalaciones, que cuentan con salas de música (una de ellas, equipada con un soberbio órgano que ya formó parte del Festival ME_MMIX), Mateu Malondra seleccionó el hermoso patio interior tan característico de estos palacetes mallorquines: influencia de una arquitectura árabe que, con varios siglos de antelación, se anticipó a lo que hoy conocemos como bioconstrucción.

Con el patio repleto de público (incluida gente que se tuvo que sentar en el suelo o permanecer de pie, al superarse el aforo inicialmente previsto por la organización), Homenaje a Llompart nos plantea una improvisación conducida que fue ideada conjuntamente por una serie de creadores mallorquines entre los que nos encontramos a Mateu Malondra, compositor que, además, se hacía cargo de la electrónica; al escritor y narrador Jaume C. Pons Alorda (comisario de las celebraciones del Año Llompart), en el recitado poético; al compositor, escritor y cantante Joan Miquel Oliver, en la guitarra eléctrica; al percusionista Toni Toledo, en la batería; y al artista Xavier Malondra, en la creación y proyección audiovisual.

Los orígenes tan diversos de estos músicos (en el caso de Joan Miquel Oliver y Toni Toledo, destacados miembros de la escena rock e indie mallorquina) no son un obstáculo (más bien, todo lo contrario) para que se produzca ese diálogo entre estilos al que antes nos hemos referido en lo que al conjunto del festival se refiere. Así, técnicas propias del rock progresivo se sintetizan con procedimientos ya típicos de la nueva música que, en el caso de la guitarra eléctrica, nos pueden recordar a partituras de compositores como Pierluigi Billone escritas específicamente para este instrumento, como OM ON (2015) o el ciclo Sgorgo (2012-13), con sus texturas en continua desmaterialización y sus glissandi construidos desde la rugosidad y el ruido.

Esos glissandi han sido muy importantes en el comienzo de Homenaje a Llompart debido a otro aspecto central en esta improvisación interdisciplinaria: sus fuertes vínculos entre música e imagen. Así, en correspondencia a los flujos matéricos que Xavier Malondra nos proponía en la proyección que, a gran escala, vimos en el patio de Can Balaguer, tanto Joan Miquel Oliver como Toni Toledo y Mateu Malondra nos han ofrecido una música inicialmente muy plástica, en la que el sonido se deshilaba e iba fluyendo cual el deslizamiento que tras ellos se veía en imagen. Tras ellos, y en ellos mismos, pues el hecho de proyectarse las filmaciones atravesando el escenario de Can Balaguer dio lugar a que los propios músicos fuesen tanto pantalla para las imágenes como imagen misma (en forma de negras siluetas) en la película que, a sus espaldas, llegaba a la pared del patio).

Por tanto, el músico como agente productor y espacio audiovisual, que va evolucionando con la imagen, ya fuese tanto en los citados glissandi como en las técnicas de carácter percusivo (los patches en la electrónica, la propia batería en su conjunto o el tapping en la guitarra eléctrica) o en aquéllas que optan por una densificación textural de dicho trío, yendo del juego con la distorsión en los pedales y el slide con cilindro metálico de Joan Miquel Oliver en las cuerdas de la guitarra al destensado del tornillo de los platos en la batería por parte de Toni Toledo, para así obtener un tenuto de mayores resonancias metálicas (de nuevo, vinculado con los pasajes fílmicos más plasmáticos).

Otros momentos de Homenaje a Llompart nos presentaron vínculos de tipo más obsesivo y repetitivo en lo musical: respuesta a unas filmaciones en las que proliferaban, cual fractales autogenerados, formas orgánicas con nimias variaciones que tuvieron, igualmente, su paralelo en guitarra, percusión y electrónica, conjugando lo puramente improvisado en tiempo real con los patrones que habían sido determinados previamente para establecer las bases estructurales de Homenaje a Llompart.

En su macroestructura, los primeros compases acústico-electrónicos han servido como preludio instrumental para la entrada de la voz, con el torrencial e intenso recitado a cargo de Jaume C. Pons: en sí mismo, un nuevo componente prosódico-musical, aunque no haya sido, el suyo, el único recitado que hayamos disfrutado en esta improvisación, pues en off pudimos escuchar la voz del propio Josep Maria Llompart recitando dos de sus poemas y una de sus traducciones, multiplicando así los planos históricos que concurrían entre los estratos instrumentales y electroacústicos, siendo estos ecos llegados del pasado de lo más pertinente en el homenaje al polímata mallorquín, al tiempo que conformando lo que las notas al programa calificaban de «juego de espejos sobre la inevitable resignificación del poema con el paso del tiempo», suscitando «un diálogo entre el original y la relectura, evocando la noción del eterno retorno y la transformación del doble».

Si los primeros pasajes de Homenaje a Llompart sirvieron como preludio para la entrada de las voces, los que escuchamos tras abandonar Jaume C. Pons el escenario conformaron un epílogo o postludio en el que se retomaron —cerrando una estructura circular— motivos provenientes de la apertura de esta improvisación, en paralelo al retorno en la proyección visual de algunas de sus imágenes fundacionales: de esos ríos de magma que fluyeron amalgamando tiempos y lenguajes artísticos en la historia de la creación mallorquina de los siglos XX y XXI.

No sería, éste, un mal enfoque para articular la que, esperamos, sea Capitalidad Europea de la Cultura de Palma de Mallorca en el año 2031, para la cual actualmente se postula la ciudad balear y entre cuyas bazas el Festival ME_MMIX debería tener una importante cabida, ampliando su formato y sirviendo, como mostró esta primera jornada a la que SCHERZO asistió, de verdadero punto de encuentro entre las artes alrededor de la música, conjugando tradición y modernidad.

Paco Yáñez